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Born to learn / Nacidos para aprender

An invisible, faceless, merciless enemy is hiding somewhere in the buildings we live in, in the classrooms we go to.

This enemy has a name: ignorance!
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Un enemigo invisible, sin cara y despiadado se esconde en algún lugar de los edificios en los que vivimos, en las aulas de las escuelas a las que vamos.

Este enemigo tiene un nombre: ¡la ignorancia!

 

 

On Friday in Paris, hundreds of persons that were having dinner or just a drink at a restaurant or listening to music in a concert hall, died. They died suddenly, unexpectedly, brutally, shot to death in the back, lying on the ground, armless. Some of them tried to run away, escape from the bullets. Many didn’t, had no time for it. Their murderers behave without mercy as they always do. They killed in cold blood. Our sons and daughters, our families and friends were there, could have been there, will be there tomorrow. They will still go out for dinner, have a drink and listen to music.

In the coming days we will discover that the murderers went to school in France, sat maybe in the same classrooms than their victims, former school mates or teachers. We are all ready to go to war and fight the enemy even if we don’t know who the enemy is. An invisible, faceless, merciless enemy is hiding somewhere in the buildings we live in, in the classrooms we go to. This enemy has a name: ignorance!

While many will ask for more police, more army, more bullets and more weapons, we will also need more teachers and more classrooms to fight the same enemy.

All those who died in Paris and those who killed them were born to learn.

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El pasado viernes en París, cientos de personas que estaban cenando o  simplemente tomando una copa en un restaurante, o escuchando música en una sala de conciertos, murieron brutalmente.  Murieron de repente, inesperadamente, cruelmente asesinados a balazos por la espalda, en el suelo, totalmente desarmados. Algunos de ellos trataron de huir, escapar de las balas que los atacaban, pero muchos no tuvieron tiempo para hacerlo. Sus asesinos actuaron sin piedad, como siempre lo hacen, matando a sangre fría. Nuestros hijos e hijas, nuestras familias y amigos estaban ahí, o podrían haber estado ahí, o tal vez estarán ahí el día de mañana porque ellos seguirán yendo a cenar, a tomar una copa o a escuchar música.

En los próximos días, descubriremos que los asesinos fueron a la escuela en Francia, se sentaron quizá en las mismas aulas que sus víctimas, que podrían haber sido sus compañeros de clase o sus profesores. Todos estamos listos para ir a la guerra y luchar contra el enemigo, aún sin saber quién es. Un enemigo invisible, sin cara y despiadado se esconde en algún lugar de los edificios en los que vivimos, o en las aulas de las escuelas a las que vamos. Este enemigo tienen un nombre: ¡la ignorancia!

Mientras muchos requieren ya más policía, más ejército, más balas y armas, también necesitaremos más profesores, más aulas que luchen contra el mismo enemigo.

Todos aquellos que murieron asesinados en París y quienes los mataron nacieron para aprender.

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